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martes, 30 de septiembre de 2008

DIEZ PRINCIPIOS PARA PROTEGER TU FAMILIA DE LA RUTINA, EL INDIVIDUALISMO, LA RUPTURA Y LAS FRUSTRACIONES


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DIEZ PRINCIPIOS PARA PROTEGER TU FAMILIA DE LA RUTINA, EL INDIVIDUALISMO, LA RUPTURA Y LAS FRUSTRACIONES



A continuación diez importantes principios claves:


Idea N° 1: Disponibilidad

Consiste en dedicar tiempo a atender a nuestros hijos y esposo/a. Con los adolescentes, por ejemplo, no vale lo de “este tema ya lo hablaremos el sábado con tranquilidad, cariño”.

Para el sábado, tu hija de 13 años ya está con una amiga y van a hacer lo que se les ocurra, porque el padre estaba en otro lugar o atendiendo otros asuntos más importantes que las preguntas de sus hijos.

Hay que estar disponible, porque hay problemas que sólo se arreglan en el momento en que el otro se anima a plantearlo y pide ser escuchado. ¡Demos tiempo al otro!


Idea N° 2: Comunicación padres-hijos: que los padres hablen menos y escuchen más

En muchas familias, cuando un padre o madre dice “hijo, tenemos que hablar”, el hijo piensa “uy, malo, malo”. ¿Por qué? Porque sabe que los padres cuando dicen “tenemos que hablar” quieren decir “te voy a soltar un discurso por algo que hiciste que no me ha gustado”.

Esto cambiaría si los padres se hicieran un propósito: dedicar el 75% a escuchar y sólo el 25% a hablar. Escuchar a los hijos (o al cónyuge, a cualquiera) es un esfuerzo activo. Hay que dejar de lado el diario/periódico, quitar el volumen de la TV, girar la cabeza hacia quien te habla, mirar a los ojos, expresar atención. Eso es escuchar activamente, que definitivamente es lo que sirve para mejorar la autoestima de tu familia.


Idea N° 3: Coherencia en los padres y autoexigencia en los hijos

Uno es coherente cuando lo que piensa, siente, dice y hace es una sola y misma cosa. No tiene sentido decirle a los niños desde el sofá: “eh, ustedes, ayuden a mamá a quitar la mesa”. Hay que dar ejemplo primero!

Tú, padre, has de quitar la mesa durante 5 días, que te vean. El quinto día dices a tu hijo: “venga, ahora entre los dos”. Y dos días después: “estoy orgulloso de ti, ahora ya has aprendido y ya puedes quitar la mesa tú sólo”. Y él se sentirá orgulloso de quitar la mesa.

Así aprenden a auto-exigirse, que es mucho mejor que tenerlos vigilados 24 horas al día.

También pedimos a los niños que estudien pero ¿nos ven a nosotros estudiar, leer revistas de nuestro oficio o ponernos al día en nuestra especialidad?. Debemos poder decir: “miren, hijos, nosotros también estudiamos”


Idea N° 4: Tener iniciativa, inquietudes y buen humor, especialmente con el cónyuge

Estos tres factores son útiles para la autoestima familiar. El buen humor y la creatividad no deben escasear, porque la rutina es un enemigo en las relaciones conyugales y con los hijos.

El punto clave es que haya creatividad e iniciativa en la vida de pareja y eso se contagiará a toda la familia. Las mejores horas deben ser para compartir con el esposo o esposa. El hecho de ser papá o mamá no debe hacernos olvidar que somos “tú y yo, cariño, nosotros”. Recordemos: Creatividad e iniciativa protegen a la pareja de la rutina.


Si la pareja va bien, los hijos aprenden su “educación sentimental” simplemente viendo cómo se tratan papá y mamá, viendo que se admiran, se halagan, se alaban. Entonces podemos esperar decir a los niños, en forma alegre, “Cuando sea mayor trataré a mi esposa como papá a mamá”.


Idea N° 5: Aceptar nuestras limitaciones y las de los nuestros.

Hay que conocer y aceptar tus limitaciones, las de tu cónyuge, las de tus hijos. Pero es importantísimo no criticar al otro ante la familia, no criticar a tu cónyuge ante los niños, o a un niño ante los hermanos, comparando a un hermano “bueno” con uno “malo”. Eso hace sufrir al hijo y le quita autoestima. Es mejor llevarlo aparte y hablar adecuadamente con confianza y sinceridad.


Idea N° 6: Reconocer y reafirmar lo que vale la otra persona

Seamos sinceros: no tiene sentido que andemos llamando “campeón” a nuestro niño que nunca ha ganado nada. Si ha perdido un partido de fútbol, no le llames campeón. Ha de aprender a tolerar la frustración, acompañado, eso sí.

También hemos de saber (grandes y pequeños) que somos buenos en unas cosas y no en otras. “Hijo, pareces bueno en A y en B, pero creo que C no es lo tuyo”. Reafirmemos al otro en lo que vale y se verá a sí mismo como lo que es, una persona valiosa.


Idea N° 7: Estimular la autonomía personal

Uno se hace bueno a medida que va haciendo cosas buenas. Es importante que lo entiendan los hijos. Lo que se hace es importante: hacer cosas buenas nos hacer buenos a nosotros. Esta idea ayuda a tener autonomía personal, hacer las cosas por nosotros mismos, para mejorar nosotros.


Idea N° 8: Diseñar un proyecto personal

No irás muy lejos si no sabes donde quieres ir. Quedarte quieto no es factible, uno tiende a volver a quedarse atrás. Has de tener un proyecto personal para crecer, atender, ayudar a discernir y potenciar los proyectos de los tuyos. ¿Cuáles son tus proyectos? ¿Lo sabe tu familia? ¿Cómo lo lograrás?


Idea N° 9: Tener un nivel de aspiraciones alto, pero realista

Hemos de jugar entre lo posible y lo deseable. Si aspiramos alto, nos valoraremos bien, tendremos autoestima. Pero, ¿es factible? Debemos conjugar un alto nivel de aspiraciones con la realidad de nuestras capacidades y recursos. En otras palabras: soñar pero con los pies en la tierra.


Idea N° 10: Elijamos buenos amigos y amigas

El individualismo es el cáncer del siglo XXI. El trabajo en solitario va minando la amistad verdadera. ¡Los amigos comprometen mucho y al individualista no le gustan los compromisos!

Sin embargo, necesitamos más que nunca amigos humanos, personas, grandes y buenos amigos, con los que compartir muchas horas, conversaciones sinceras y cercanas, amistades de verdad, que te apoyen y te conozcan auténticamente, que te acepten con tus fallos y potencien lo mejor en ti. Seleccionar amigos así para ti y para los tuyos es la mejor inversión.


Una familia que trata de seguir estos principios contribuye a mejorar la estima en sus hijos y la autoestima en ellos mismos.


Una reflexión final:


¿Has pensado en cómo te ama Dios, en lo grande, lo sobrenatural de Su amor por ti? Piénsalo. Eres muy especial para Él. Cuando vivas este amor, comunícalo a tus hijos. Buena parte del sufrimiento inútil en el mundo se produce porque en algunas ocasiones en las que deberíamos dedicarnos a pensar, nos ponemos a sentir; y en ocasiones que son para sentir, nos ponemos a pensar. Evitemos este sufrimiento inútil: hay momentos para pensar y momentos para sentir.


Autor: Aquilino Polaino

Adaptación: Emilio Iberbuden

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